lunes, 21 de mayo de 2012

El regalo de una nueva visión sobre Jesús el Cristo


     En un blog dedicado a la libertad de pensamiento no podíamos obviar un tema tan importante como polémico: la religión. España es en la actualidad un país oficialmente laico. No existe pues un condicionamiento fuerte que obligue a los ciudadanos a converger en sus creencias con el Catolicismo ni con cualquier otro culto. Cada uno es, en principio, libre de elegir en el terreno de la creencia la opción que más le atraiga. Y no es una minoría despreciable la que ha optado por declararse ateo, desterrando cualquier creencia de su cosmovisión personal. Aunque, obviamente, no siempre ha sido así en un país en el que la Fe Católica ha tenido por tradición la primera y última palabra.

     Es incluso posible, que todos, hasta  los más ateos hayamos resultado condicionados en nuestro modo de pensar por el sustrato cultural Católico. Muchos de los que se declaran ateos fueron introducidos en los ritos de la iglesia de Roma durante su infancia, siguiendo la inercia doctrinal de sus mayores. No son pocos entre ellos los que han renunciado posteriormente a dicha Fe. El principal motivo: las contradicciones de esta con el uso de la razón. Innegable resulta, en todo caso, que nuestra ética laica arranca de la moralidad cristiana e incluso sucede lo mismo con nuestro sistema educativo.

     De ahí la especial relevancia de la discutida figura del Jesús de Nazaret en la historia. Las distintas confesiones presentan de él versiones dispares. El ateísmo se debate entre su negación histórica y la total humanización de la Figura de Jesús, aceptando su existencia pero no sus presuntos milagros. Aunque también existe la opción más escéptica: no mostrar el mínimo interés ni opinión respecto a ese personaje por conducir al intelecto a un callejón sin salida.

     Hoy pretendo ocuparme de aquellos que de un modo u otro aceptan su existencia. Forman en sí un grupo muy heterogéneo, pero comparten en su gran mayoría una visión general “encajable” dentro de la descripción que de Jesús hacen los textos que según se supone dan testimonio de su existencia: los Evangelios (y principalmente nos referiremos a los cuatro canónicos). De esas fuentes se acepta que, caso de existir, su nacimiento habría tenido lugar en torno al año 1 de nuestra era. Los estudios de los historiadores llevan a creer que muy probablemente fuera en torno al año 6 a.C. El escenario: algún pueblo de Galilea (si bien Nazaret no existía por esas fechas) o incluso la ciudad sagrada de Belén. Su muerte se daría, según se suele aceptar, alrededor del año 30 d.C. 

     De todos modos, ninguna fuente histórica fiable respalda ese vago esbozo de sus circunstancias históricas. Cabe la posibilidad que los hechos (de haberse dado, repito) fueran muy distintos. De hecho existen voces divergentes con el intento de retratar al Jesús histórico según la letra de los Evangelios. Aducen que estos sólo pueden prestarse a una lectura simbólica pero nunca literal. Dicha opinión, aunque minoritaria, es la que defienden, entre otros, algunos grupos gnósticos. Consideran que los símbolos de los textos sagrados fueron plasmados no como referencia histórica sino como orientaciones para realizar un camino interior en busca de mayor tesoro concebible: la “gnosis” o conocimiento.

     Desafortunadamente, los gnósticos se muestran reacios a emitir  teorías acerca del Jesús histórico, por juzgarlo de escasa relevancia frente a su principal objetivo: la obtención de la sabiduría o conocimiento interior. ¿Dónde recurrir para encontrar otra lectura distinta de la generalmente aceptada? Quizás alguno se preguntará a que se debe mi interés en esa dirección. Pues bien, como defensor a ultranza del pensamiento libre y no condicionado, creo que resulta conveniente buscar alternativas razonables en cualquier cuestión que influya de algún modo en nuestro pensamiento cuando esta no esté bien fundamentada. Se trata de evitar aceptar ningún tipo de dogma impuesto “porque sí”. Y como he expuesto antes, considero que la figura de Jesús afecta o puede afectar de algún modo a la manera de pensar de una buena parte de la población.

     Ahí empieza el difícil camino para encontrar alguna alternativa sólida y razonable a la versión comúnmente extendida. Quiero destacar aquí la condición de razonable, pues en el denso bosque de la literatura llamada “New Age” se puede hallar alguna versión alternativa, pero fundada sobre una presunta “revelación” y no sobre  bases racionales ...

     Es por ello que me he llevado una grata sorpresa al dar con una teoría razonada sobre la figura de Jesús fuera de esos círculos. Se trata del libro “Filia Dei – Revelando al Hijo del Hombre” escrito recientemente por Mateo Martín Lapiedra. En este libro su autor, del que bien poca información he podido encontrar, utiliza originales pero consistentes razonamientos para proponer una visión sustancialmente distinta del Mesías cristiano. Sitúa su cronología tres décadas después de lo aceptado y su origen en tierras cercanas a los. También interpreta el matrimonio sagrado de Jesús y María Magdalena como la unión de dos facetas opuestas y complementarias en la constitución de un mismo ser humano completo. Considera así que ambos símbolos confluyen en un mismo personaje histórico. 

Portada de este curioso libro (GRATIS en formato digital)

     La primera reacción ante una visión tan novedosa puede ser de cierta extrañeza o incluso rechazo. Pero alguien que defiende el pensamiento original no puede guiarse por los impulsos causados por el condicionamiento mental previo. Bien al contrario, ante la novedad debe cuanto menos otorgar el beneficio de la duda, unido a una curiosidad especial. Tanto más en este caso en que el ansia de negocio no parece ser el motivo de escribir tan atrevida teoría: pues el autor la regala (sí, pueden leerla o descargarla totalmente gratis) en su blog. Detalle de agradecer en una sociedad por lo general obsesionada por obtener beneficio económico a costa del prójimo. Sobretodo en un momento como el actual, cuando nuestros bolsillos están ya bastante castigados.

     Una vez comenzamos la lectura nos sorprende que el texto está escrito a modo de novela. ¿Se tratará de un simple relato de ficción? Pero no se precipiten, pues al cabo de unas pocas páginas comprobarán que en realidad se trata más bien de un ensayo novelado. Los razonamientos son por lo demás bastante correctos y originales. Y si bien las líneas sobre las que basa la teoría son bastante osadas, las conclusiones a que llega no son en absoluto gratuitas (a diferencia del precio del libro). Supongo que el formato híbrido entre novela y ensayo puede ser un original recurso estilístico para reforzar la idea de la unión de los opuestos o complementarios (idea base en la teoría desarrollada). En todo caso, proporciona también un estímulo adicional para facilitar la digestión de los no pocos  razonamientos. Créanme, el esfuerzo merece la pena. Eso sí, lanzaré una advertencia. Se trata de un libro para mentes abiertas. Fanáticos abstenerse.
Pueden obtener el libro (pdf) gratuitamente en la página:

http://mateofiliadei.blogspot.com.es/

lunes, 14 de mayo de 2012

Conspiración, paranoia y la ley del más fuerte

   
     La teoría de la conspiración está sin duda de moda. Basta teclear la palabra conspiracion en cualquier buscador filtrando sólo los resultados en las últimas 24 horas para obtener un alubión de referencias variopintas entorno a ella. Veamos como la RAE nos la define:   
                 
1. intr. Dicho de varias personas: Unirse contra su superior soberano. 
2. intr. Dicho de varias personas: Unirse contra un particular para hacerledaño.  
3. intr. Dicho de dos o más cosas: Concurrir a un mismofin.     
4. tr. ant. Convocar, llamar alguien en su favor.

    Nos quedaremos con la segunda acepción, la cual parece ser la favorita en nuestra red actual y aquella de la que quiero ocuparme. Se trata así la conspiración de la unión de varias personas contra un particular a fin de hacerle daño. ¿Estamos hablando simplemente de "mala leche" colectiva? Más bien se sugiere que el daño hecho al particular tiene como objetivo obtener un beneficio para los conspiradores, más que el daño en si. Sería entonces más conveniente tratarlo como algo similar a la "ley del más fuerte". La mayor fuerza, en este caso se derivaría de la unión entre varias personas. Así, dicha conspiración resultará tanto más potente cundo involucre en ella a mayor número de conspiradores. Obviamente, a mayor sea el número de víctimas de la conspiración tanta más necesidad para los conspiradores de trabar nuevas alianzas a fin mantener frente a las víctimas, su superioridad.

     ¿Es acaso inusual que en el continuo conflicto de intereses entre seres humanos se produzcan uniones de varios individuos para sacar beneficio de otros? Creo que las guerras dan muestra de lo penosamente habituales que resultan dichas alianzas. Pero a diferencia de las guerras, la conspiración sugiere un mayor desequilibrio de fuerzas, debido en parte al factor sorpresa usado hábilmente por los conspiradores. De este modo, el plan de acción será mantenido en el mayor secreto posible a fin de que no proporcione ventaja alguna a la(s) víctima(s) en su defensa. ¡Ah, el secreto, fuente de irresistible deseo para el intelecto humano!

     Hasta este punto deberemos admitir que las conspiraciones han sido a lo largo de la historia pan de cada día (cosas de la naturaleza humana) y en nuestros tiempos de ambicioso consumismo no podemos llegar a imaginar la ausencia de conspiraciones. Es más, posiblemente la fuerte competencia que a todos los niveles trata de conseguir el máximo acopio de bienes frente a los demás nos puede inducir a creer que el número de conspiraciones habrá fácilmente aumentado en las últimas décadas. No será de extrañar que un elevado porcentaje de estas conspiraciones se deba a intereses económicos.

     ¿Pero tenemos todos la misma facilidad para conspirar? Sin duda ricos y pobres pueden tener el impulso de conspirar, pero no tanto la posibilidad real de consumar dicha conspiración. En medio de una sociedad inundada de comunicación resulta a veces complicado llevar a cabo el plan conspirador con la necesaria reserva. Se requerirá pues cierta prudencia. También, como no, una buena dosis de inteligencia para diseñar un plan eficaz y silencioso. Pero, ¿quien puede dudar que el disponer de mayores recursos no facilitará la labor conspiradora? ¿Y si el poder material fuera capaz de controlar algunos valiosos canales de comunicación para hacerlos partícipes del secreto o incluso del engaño conspirador? Debemos acordar entonces que la conspiración, como casi todo en la sociedad actual está más al alcance de los ricos y poderosos.

      Así pues, la conspiración en sí no es nada inusual, y los poderosos, por disponer de mejores medios seán aquellos que tendrán más fácil el conspirar. Espero que hasta aquí no va a saltar nadie. Ahora bien, ¿se dedican los poderosos a conspirar contra el pueblo? ¿Está la conspiración en todas las actividades reguladas por aquellos individuos que ostentan el poder? Vayamos por partes. Los poderosos, al igual que el pueblo llano, tambien conspiran y dada su posición pueden hacerlo de un modo más efectivo. Pero de ahí a afirmar que se dedican a conspirar supone el salto de arguir que su actividad principal es la conspiración. Y eso es ya más discutible. Por lo que respecta a la segunda cuestión, por la misma razón antes expuesta, es bastante severo el afirmar que todas las actividades están teñidas de conspiración. Sería quizás más prudente y razonable que evitando la generalización, se razonara (cuando no demostrara) las razones y la probabilidad de que una actividad concreta forme parte de alguna conspiración. Eso es, la razón obliga a analizar caso por caso y prescindir en lo posible de juicios generalizados.

      La paranoia nos la define la RAE del modo siguiente:

1. f. Perturbación mental fijada en una idea o en un orden de ideas.

     Así pues, cuando existe una fijación exagerada sobre una idea o un conjunto limitado de ellas y todo se engloba y se remite a la misma causa, negando la existencia de alternativas nos acercamos bastante a esa definición. Un ejemplo sería el afirmar rotundamente que toda actividad percibida alrededor es conspiración. Ello no implica que sea paranoico aquel que justifique su opinión de que existe conspiración en una situación concreta, aportando indicios y razones que justifiquen  tal afirmación. Eso sí las razones y los indicios deben ser (valga la redundancia) razonables. Y llegamos aquí al qué de la cuestión: ¿donde cabe situar a aquellos individuos que son etiquetados por el término recientemente acuñado de "conspiranoicos"? Para ser coherentes con lo antes expuesto deberíamos evitar el generalizar y proceder al análisis individualizado. No sea que al meterlos a todos en el mismo saco caigamos de pleno en la paranoia.

domingo, 13 de mayo de 2012

¿Piensa alguien por nosotros?

     Estoy convencido que quienquiera que seas contestarás un No rotundo al título de la entrada. Todos consideramos que somos libres de pensar por nosotros mismos, pero ¿es eso totalmente cierto? Todos hemos crecido y construido nuestra personalidad, más o menos elaborada, dentro del ambiente en que nos ha tocado vivir. Sí, siento decirte que para empezar no has sido libre de elegir el lugar y circunstancias en que querías nacer (espero que hasta aquí nadie me lleve la contraria). Todas estas circunstancias bien seguro que habran predispuesto de algun modo tu manera de pensar y razonar, así como, ¿por qué no decirlo? tu escala de valores. Tu propia lengua madre te proporcionará para ello un importante sustrato.

     Pero sin duda resulta mucho más determinante la influencia de aquellas personas que te han acompañado desde antes que dieses tus primeros pasos en tierra firme: tu familia. Lo han sido todo para ti y en circunstancias normales (espero que sea este tu caso) no puedes evitar sentir cierta simpatía, afecto y gratitud por aquellos que han hecho posible tu llegada y tu supervivencia. ¿Cómo no van a influenciar en tu pensamiento las ideas de aquellos con los que aprendiste a pensar? Aun en el caso en que tu infancia no haya sido para ti una etapa tan feliz, es seguro que las ideas y los valores de aquellos que te acompañaron tambien habrán dejado huella en ti (en el peor de los casos generando en lugar de afecto aversión).

     ¿Y que me dices de todo el equipaje cultural preparado durante años de escuela? Tus amistades, tus rivales, tus amores, tus desengaños... Acordarás conmigo que todos los ingredientes que han participado en la receta de tu personalidad simplemente han fluido por ti y hacia ti; tú no los diseñaste. Y aquí llegamos a la primera pregunta que considero crucial: ¿ha existido la figura del diseñador o se trata en cambio de un proceso dejado al azar?

     Quizás seas de los que creen que una entidad previa a nosotros ha dispuesto todas las circunstancias. O acaso creas que tan sólo existen unas leyes naturales en un mundo material que jamás fue creado, sino que fue dispuesto y moldeado por azarosas circunstancias que configuraron la evolución. O tal vez encuentres esta pregunta inadecuada por la imposibilidad de poder darle respuesta. Quiero invitarte, sea cual sea tu perfil a tratar de expresar u omitir libremente tu parecer en este espacio. Tanto si nuestro pensamiento está o no fuertemente condicionado, considero un sano ejercicio el tratar de ejercitarlo para determinar hasta que punto somos intelectualmente libres y, a ser posible, para ayudarnos los unos a los otros a ampliar en lo posible nuestra pequeña (o acaso vasta) parcela de libertad.